La grandeza de un producto alimenticio también se mide por la huella que deja en la imaginación colectiva y, en particular, en la literatura. El gorgonzola, un queso con mil años de historia y un carácter inconfundible, ha logrado conquistar no solo los paladares sino también las plumas de los más grandes escritores italianos, entrando con razón en las páginas de nuestra cultura.
El testimonio literario más famoso es sin duda el de Alessandro Manzoni, quien en Los prometidos — la obra maestra de la ficción italiana del siglo XIX — inmortaliza a Gorgonzola en una de las escenas más vívidas y humanas de la novela. Renzo Tramaglino, el joven protagonista que huye del campo milanés y perseguido por la justicia, llega exhausto y hambriento a una posada situada a lo largo de la carretera entre Milán y la ciudad de Gorgonzola. El posadero, sin saber quién tiene delante, le sirve una comida sencilla pero contundente, en la que aparece el famoso «stracchino verde»: el antiguo nombre popular por el que entonces se conocía Gorgonzola. La escena se describe con esa vitalidad realista que caracteriza a Manzoni, capaz de transformar una comida frugal en una auténtica ventana a la vida cotidiana de la Lombardía del siglo XVII.
La presencia de Gorgonzola en Los prometidos no es un detalle aleatorio. Manzoni era un observador atento de la realidad de su época y del territorio lombardo, y la elección de incluir ese queso en la historia refleja lo profundamente arraigado que estaba en la dieta y la cultura popular de la región. El «stracchino verde» era un alimento común, disponible a lo largo de las carreteras rurales, presente en las mesas tanto de los pobres como de los nobles: un queso democrático, querido por todos, que Manzoni transformó casi en un símbolo de Lombardía.
Esa cita de Manzoni es ahora considerada una de las primeras y más autorizadas referencias literarias sobre Gorgonzola, y contribuye a que este queso no solo sea una excelencia gastronómica, sino una pieza auténtica de la historia y cultura italianas.